En aquella terraza, un hueco
rectangular empotrado en la fachada, estaba colocado el tendedero. Las
distintas capas de ropa colgaban en sucesivos planos paralelos ocupando de
parte a parte todo el hueco de ese balcón interior. Me ha llamado la atención que todas las
prendas allí tendidas fuesen de colores entre rosa y fucsia. Esa gama de colores no
me gusta mucho para ninguna clase de ropa, y por eso seguramente habré reparado
en la monocromática exhalación de aquel tendedero. Por eso, claro, y por otra
desconcertante circunstancia: en aquella casa sólo vive una mujer que siempre va vestida de negro.
martes, 29 de marzo de 2016
lunes, 28 de marzo de 2016
Edad.
Poco a poco el espesor del habla. La pared entre lo que queremos decir y lo que decimos. Y, al menor descuido, el peligro de llenarlo todo de pensamientos ramplones, tópicos mústios y observaciones manidas. La hora del espesor, en la que uno no camina en compañía de lo que quiere decir, sino empujando detrás, como quien transporta un cadáver en una carretilla.
viernes, 25 de marzo de 2016
Lavatorio.
(20130328-13*). En una
secuencia rapidísima, en las noticias televisivas, veo al Papa lavando
los pies de un menesteroso. Luego, con devoción exuberante besa los pies del
pobre. Si lo he captado bien, pues no he
prestando verdadera atención a la noticia hasta el último momento, me ha
parecido que el pobre, quizá ayudado por el Papa, ha levantado algo la pierna
para facilitar la amorosa, a la vez que humilde, acción del Pontífice. La
pierna se ha elevado con la torpeza que corresponde al anquilosamiento de un
hombre de edad, y el Papa no ha besado exactamente en el pie, sino en la parte
interior de la pierna, justo al lado del tobillo. El beso ha sido, para mi
gusto, demasiado apasionado. Aun tratándose de un beso publicitario creo que ha
habido sobreactuación, o excesivo énfasis. (Lo que, según los entendidos, es,
aparte de inelegante, muy contraproducente para la propaganda, ya que el exceso
de teatralidad deviene en parodia, y una parodia no intencionada es nefasta
para la mercancía). Lo he visto, me parece, con bastante detalle porque la televisión ha
mostrado un primer plano del momento en que los labios pontificales se
acoplaban con el tobillo. Ha sido en ese preciso momento en el que he centrado la
atención, antes difusa, en la noticia. No tanto porque me interesase la vida
sentimental de este Papa, sino por el estado que ofrecía la pierna del cuitado:
tobillo hinchado más o menos rodeado de una mancha acardenalada. Al primer golpe de vista he intuido que aquel
hombre tenía problemas vasculares semejantes a los que yo tengo, ya que aquella
pierna, vista al vuelo, me ha parecido que era pintiparada a mi pierna izquierda. Y esa
ha sido la causa de que de repente me sintiese identificado con aquel menesteroso.
Hasta el punto de que cuando he visto que los labios de Bergoglio buscaban la
zona amoratada de su pierna he dado una encogida como si esa pierna fuese la mía que se
había colado en la pantalla.
PD: Con la autoridad que me otorga el haberme visto tan cerca del peligro, puedo decir que, a pesar de las interpretaciones canónicas que se hacen de este rito donde se habla de la humillación, entrega y sacrificio del oficiante, el verdadero sacrificado de este acto es el que ofrece el piececito mondo y lirondo para que un Bergoglio cualquiera aterrice sobre él y descargue sus exorcismos. Y, en todo caso, puestos a hilar fino, ya que lavan el pie antes del beso convendría lavarlo también después.
PD: Con la autoridad que me otorga el haberme visto tan cerca del peligro, puedo decir que, a pesar de las interpretaciones canónicas que se hacen de este rito donde se habla de la humillación, entrega y sacrificio del oficiante, el verdadero sacrificado de este acto es el que ofrece el piececito mondo y lirondo para que un Bergoglio cualquiera aterrice sobre él y descargue sus exorcismos. Y, en todo caso, puestos a hilar fino, ya que lavan el pie antes del beso convendría lavarlo también después.
jueves, 24 de marzo de 2016
Dona nobis pacem.
(20130328-12*). Jueves Santo. He estado escuchando una vez
tras otra, bueno, escuchando y viendo, el Agnus Dei de la Misa de la Coronación
de Mozart en un video en youtube. Es un milagro tener atrapados estos momentos.
Poder asistir a eso y verlo con detalle cuantas veces se quiera. He pasado más
de dos horas viendo este video asombroso. Lo habré visto diez o quince veces.
Han sido una especie de “oficios” concomitantes con la religión pero no
exactamente religiosos. Curiosamente, en el video, en el trozo de misa que allí
se ve, que tenía lugar “dalla Basílica de San Pietro in Roma”, el celebrante,
con casulla rojo y oro, nada menos que Juan Pablo II, y toda su comparsa,
ocupan un lugar marginal, difuminados y de espaldas a la cámara. Si las gentes
de Iglesia viesen este video con objetividad tendrían que reconocer que ganan
mucho estando en segundo plano. Creo que aquí eso resulta evidente. La
realización, la planificación, el lugar en que están colocadas las cámaras, me
parece muy logrado, sobre todo en relación con los dos elementos fundamentales
de este concierto: la cantante Kathleen Batlle y el director Herbert Von Karajan.
K. Battle no tiene una voz muy poderosa, las sopranos ligeras como ella, muy
ágiles en los agudos, no suelen tener mucha voz, en otras grabaciones suyas que
he visto eso se aprecia. En el video que comento, ya sea por las condiciones
acústicas de San Pietro in Roma, o por la directa intervención divina en la
toma de sonido, Batlle lleva su voz a donde quiere, y de un modo tan bien modulado, delicado,
dulce, sutil, pleno, que, cuando llega a nuestro cerebro, no deja una sola
neurona que no quede arrasada. A esto se suma la maravilla de ver la cara de
Batlle mientras canta, ver de dónde saca cada sonido, la mirada vuelta hacia
dentro, su respiración, el movimiento de los labios, y la acomodación de todos los músculos del rostro,
cómo se ayuda incluso de los ojos para cargar la nota de intención y enviarla
al lugar donde más conmueve.
Von Karajan comienza la pieza volando, un planeo rasante, los brazos y las
manos aletean a cámara lenta. Agnus Dei, qui tollis peccata mundi,
miserere nobis. Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten
misericordia de nosotros. Cuatro minutos de ondulaciones, de idas y venidas
apacibles, en los que Karajan, entregado, la cabeza ladeada, ha ido recogiendo los brazos
y colocando las manos delante del pecho, las mece suavemente y va musitando las
palabras que la soprano expande hasta lo alto de la famosa cúpula. Así hasta el
momento en que llega el “Dona nobis pacem”. Danos la paz. Ahí se han acabado las suavidades. Los solistas
se ponen en pie. Los “dona nobis pacem” pasan de la soprano al tenor, y luego
los cuatro van haciéndolos rodar. Karajan cierra el puño y pide un poco de
brío. Cuando entra el coro su mano izquierda se ha convertido en una garra. Tras
la primera avalancha de Dona nobis pacem hay un momento de remanso, de donde se
toma impulso para la apoteosis final. Dona nobis pacem. Karajan estrangula al
coro con sus manos artríticas. Zarandea el espacio con los brazos en alto como
si estuviese sacudiendo el tronco de un árbol. Dona nobis pacem. Es una
exigencia que se eleva a lo más alto. Karajan estira los brazos, abre una
bocaza de lagarto repitiendo con el coro el conjuro. Con las manos abiertas y
muy tensas baja los brazos repentinamente y el coro cesa. Durante tres minutos
se ha repetido la frase. Dona nobis pacem. El ucase ha debido llegar a la
estratosfera. A Von Karajan le queda en la cara una expresión furiosa y un poco
ida.
Me retrepo en la butaca. A través de la ventana veo pasar
muchas nubes por el cielo. Por momentos se oscurece. Luz crepuscular en la
habitación. Podría incluso romper a llover. Dona nobis pacem.
miércoles, 23 de marzo de 2016
Cara de estaca.
Suelo mirarme en un único espejo, el del cuarto de baño de mi casa,
al que tengo relativamente domado. O puede que, como ocurre con la cara de la
gente que vemos habitualmente, me haya acostumbrado a ver la imagen que aparece
estampada en él, y, por tanto, sea mi ojo el domado y no el espejo. Ese espejo
me enseña un rostro más o menos apto para la convivencia, sereno, más o menos
apacible, y, por no malgastar el tiempo en autorretratos, típico resultado de
la mezcla de rasgos mediterráneos.
Ahora mi teléfono tiene una de esas cámaras invertidas que, por
puro descontrol, mis dedos, acostumbrados a la sujeción de herramientas menos
sensibles, involuntariamente pulsan el botón que hace que aparezca, y yo vea
por sorpresa en la pantalla, la cara que llevo puesta cuando estoy fuera del
cuarto de baño. Un rostro que me aterra. No por feo o guapo, que ya pasaron los
años en que fuimos tan simples, sino por su expresión animal, "de bruta
criatura tirada al mundo a su cuidado". O por decirlo aún de un modo más
claro, es la cara que imagino se me pondría si se me hubiese clavado una espina
en el cerebro. Una especie de adusto cabreo o seriedad con un punto de
iracundia. Yo, que por dentro soy tan risueño y por fuera así. ¡Qué falta de expresividad!
La propensión a la seriedad de algunas caras, la mia entre ellas, tiene como causa la desconfianza de que nuestros gestos más comunes se malinterpreten y puedan meternos en desagradables berengenales. Entre
que confundan nuestras señales y no hacer ninguna señal, se opta por lo
segundo, y se llega a esta especie de seriedad que en realidad sólo es una
forma de inexpresión.
Ahora que la cámara trasera del teléfono me va concienciando
del rostro que me defiende del mundo, miro la seriedad en el resto de los
rostros y, sin ser exhaustivo, la califico, bien con un adjetivo, cuando lo encuentro, bien con una cifra.
Hoy he tenido una experiencia extrema en lo que se refiere a
esta característica gestual. He encontrado en la ferretería a C. Un hombre de
mi edad al que conozco poco, aunque suficiente para saber que tiene una de esas
caras petrificadas por la seriedad. Hacía bastante tiempo que no le veía, quizá
un par de años, y mucho tiempo más que no lo tenía a una distancia que
permitiese una evaluación fiable. Estaba allí, muy tieso, pidiéndole al empleado un
taco especial para un agujero que había hecho en la pared. La pared era vieja,
el agujero había quedado un poco holgado, y el taco normal giraba cuando
intentaba atornillar. Flaco, las mejillas sumidas, los ojos saltones yertos, rodeados de un cerco morado…...
¿A ver cómo lo puedo explicar?
Mi cara es la de Fofó, Miliki y Fofito juntos cantando la gallina turuleta comparada con esa cara de estaca, de seco senequismo endurecido, de refugio nuclear.
Mi cara es la de Fofó, Miliki y Fofito juntos cantando la gallina turuleta comparada con esa cara de estaca, de seco senequismo endurecido, de refugio nuclear.
Sinceramente, esa personificación de la estolidez más reconcentrada y súmmum del agarrotamiento; aquella perfección de rigor mortis tan bien
asumida, ha sobrepasado mi capacidad de admiración y, debo confesarlo, creo que
he sentido envidia.
Lo cual no quiere decir que toda esa perfección, a lo
mejor esconde a un chistoso irrefrenable que se esta divirtiendo detrás de la
tapia.
sábado, 16 de enero de 2016
Reencarnaciones.
¿Quién que haya visto la semejanza en gustos, gestos, manías, y otras afecciones entre uno cualquiera de sus familiares más próximos (no diré directos por no ofender) y aquel antepasado insoportable, (de esos que llevan escrito en la lápida, con todo merecimiento, el famoso epitafio: tanta paz lleves como descanso dejas), no ha llegado alguna vez a tener la sospecha de que por el lugar más recóndito e impensable de cuantos pudiera haber imaginado se ha colado en su casa, y hasta en su vida, un okupa?
domingo, 1 de noviembre de 2015
Va a llover.
(20151031). Esa cosa minúscula que se confundiría con una piedra si no la viesemos moverse es un sapo macho. La fotografía es del viernes, día 30. La hice en el camino del Cerro del Espartal, a la altura de Escoboso. En el mismo tramo de camino vi otros quince sapos braceando en la tiniebla con gran empeño.
La pasada semana ha habido otros avistamientos de características parecidas. He oído a una mujer contar que, yendo de paseo, sufrió un ataque de asco al ver bastantes sapos aplastados, pisados por los coches, en el camino del Zauce, en la bajada hacia el arroyo. Y en el camino del Pobo, M.P.P. vio otra desbandada.
Los sapos barruntan la lluvia. Me gustaría tener un sapo amaestrado que me enseñase a distinguir las borrascas vanas de las que traen agua. También les convendría a los meteorólogos que, en lo que respecta a este pedazo de tierra, llevan todo el otoño pronosticando con el pié cambiado. Hasta ahora todas las veces que he visto un sapo al anochecer en un camino, días despues, siempre ha llovido. Bien es cierto que nunca he visto una migración tan numerosa. Si esto significa que la lluvia será proporcional al número, o que huyen en desbandada por que lo que barruntan es la escasez, lo iremos viendo.
La pasada semana ha habido otros avistamientos de características parecidas. He oído a una mujer contar que, yendo de paseo, sufrió un ataque de asco al ver bastantes sapos aplastados, pisados por los coches, en el camino del Zauce, en la bajada hacia el arroyo. Y en el camino del Pobo, M.P.P. vio otra desbandada.
Los sapos barruntan la lluvia. Me gustaría tener un sapo amaestrado que me enseñase a distinguir las borrascas vanas de las que traen agua. También les convendría a los meteorólogos que, en lo que respecta a este pedazo de tierra, llevan todo el otoño pronosticando con el pié cambiado. Hasta ahora todas las veces que he visto un sapo al anochecer en un camino, días despues, siempre ha llovido. Bien es cierto que nunca he visto una migración tan numerosa. Si esto significa que la lluvia será proporcional al número, o que huyen en desbandada por que lo que barruntan es la escasez, lo iremos viendo.
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