domingo, 14 de septiembre de 2014

Quién habrá enseñado a los hijos que los padres servimos para esto.

Su tía C. había contestado a su sugerencia y ahora intentaba la misma jugada conmigo.

—Haber papa, tu que manejas bien la lengua, dime diez adjetivos que me definan.
—Yo la lengua no la manejo, si quieres que te laman el culo el perro está ahí en el patio esperando también que le hagan un poco de caso.

Suena dura la respuesta, y quizá ni siquiera así sirva.
Seguramente no podamos evitar que nos disparen, pero no hay necesidad de que seamos nosotros quienes entreguemos a los demás las escopetas cargadas.

jueves, 11 de septiembre de 2014

Plomo en las alas.



(2/agosto/2014). Paso todos los días por delante y miro ese dibujo en el suelo que es el contorno, trazado con líneas blancas y pintura persistente, de una paloma. Está ahí pintada desde el día del Corpus, como queriendo echar a volar pero sin lograrlo. Sirvió de guía para hacer esa figura en la alfombra de serrín coloreado que hacen para esta celebración.
Ahora parece tan sólo que los forenses tuvieron tendido ahí un cadáver.
Algunos días paso y hay un coche aparcado con la rueda apoyada en un ala o en la cabeza.
Hay un gran número de cuestiones insustanciales de este tipo que me dejan perplejo. Y, cuando me ocurre, no hago más que darle vueltas al asunto.
Las gentes de Iglesia son unos grandes especialistas en todo lo referente a símbolos. La propia Iglesia se sustenta en símbolos, liturgias, representaciones trascendentes, parábolas. El pan es el cuerpo de Cristo. El vino: la sangre de Cristo, etc… La hinchazón simbólica de la Iglesia es muy patente. Y es uno de los aspectos que la Sacra Institución cuida con más esmero. No hay más que ver los gritos que pone en el cielo ante la menor falta de respeto o el más leve gesto de desacato a las imágenes y representaciones de sus santos. Y me parece lógico que lo haga. Siempre que sean sólo gritos y no vaya por ahí acogotando o degollando como usa la hueste musulmana.
Lo que extraña es la apatía y el relajo con que han afrontado este asunto.
Esa paloma no significaría nada como paloma. Aquí tenemos palomas para aburrir. Nos sobran las palomas y lo mismo daría una más o menos. Pero, o yo me confundo, o esa paloma representó en su día al Espíritu Santo, y quizá no sea manera de tenerlo ahí expuesto, aunque sea en efigie, abandonado a su suerte y sometido a las distraídas e involuntarias vejaciones de todo el que pasa, como si el Espíritu Santo en vez de haber ocupado ese lugar del pavimento con el expreso propósito religioso de enfervorizar a los orantes y realzar el paso de la Custodia, (y también estimular al séquito de reporteros, que ya son mayoría en estas celebraciones) hubiese quedado allí tirado en el suelo lo mismo que la pieza abatida en una cacería que no hubiera sabido encontrar el perro.

martes, 9 de septiembre de 2014

El catón.

(1/ Agosto/ 2014). Patio de R./Clásica cerveza con repiqueteo de pipas. L., este nombre difícil, comprometido, para una niña de meses, no se duerme. Han ensayado alterarle la hora del biberón. Y no admite tomaduras de pelo. Ninguna desviación del tema principal de su existencia: la comida. Tomo a L. a peso, tiene unos muslos llenos de repliegues que, si se mantuviesen así, sigo la línea argumental de su abuela, tal vez fuesen una salvaguarda a las clásicas desviaciones de conducta que presenta el género infantil en esto que llaman mundo civilizado, y que podría quedar reflejado en aquella indicación que le hacían a Lisa Simpson al entrar a una tienda para comprar un vestido: "si buscas ropa pija, cásual o hippy en este lado, el look  prostituta infantil lo encontrarás al fondo".
La niña pasa llorando, sin lágrimas, unos berridos secos, como órdenes precisas, de mis brazos a los de su padre. En los de su padre se calla un momento. Aventuro que tal vez su padre ya influya algo, que a ella le guste más, considere que es tierra de promisión, que vaya a obedecerla mejor, y esa esperanza de obtener lo deseado la tranquilice. Pero al poco llora de nuevo. Su abuela R., el realismo personificado, dice que ni padre y ni madre ni el "ay-ay-ay", que todo el consuelo le viene de la tetina del biberón. "¿O qué te crees?" Pregunta. "Tonterías las justas". Aclara. Y, sí, L. ha mostrado por hoy no tener más que un instinto básico, o por mejor decirlo un solo cariño verdadero: su estómago, la comida. Cuando alcance un cierto grado de educación logrará que no se le note tanto.

lunes, 8 de septiembre de 2014

Bovinus vobiscum.

La vaca inseminada le dice a la copulativa:
–Maternidad pura es lo mío. Lo tuyo sólo relativas consecuencias.

Monocultivo.

–Te va a hacer daño tanta patata.
Miro y veo no un hortelano tronchado por el trabajo con la azada, estamos en tiempo de recolectar la patata, sino a una madre pizpireta y a un niño gordito.
–Ya es la cuarta bolsa que te comes.

domingo, 7 de septiembre de 2014

Descarriado y descarrilado.

Leo unas cuantas notas sueltas de estos cuadernos a R.. Le parecen bien.
–Las pondría en el blog. Pero la pantalla me pone tonto y empiezo a ir con pies de plomo hasta que me paro. Aunque esto, según está, valdría.
–Ya lo creo que valdría.
–Bastaría con no hacer mucha selección. Poner y poner notas, como si se tratase de un gran borrador. Contarlo todo sin discriminar. Todo lo que se pueda, claro. Lo que nos entre por los ojos. Con sentido o sin él. Sin buscarle sentido. Observaciones  primarias, secas. Muchas veces estoy tentado de hacer esto con estas notas. Dejar que se desborden y me desborden. No sé por qué no lo hago.
R., con una antena sigue mi discurso, y con la otra al tábano terrizo, moscón, avispón, o lo que sea, que la pica, y al que es alérgica. Sin quitarle ojo al moscón, finalmente dice:
–No lo haces porque eres una oveja descarrilada.
–¿Descarrilada?
Se ríe.
–Ahora mismo lo anotó.
–¡Ay que lapsus, Dios mío!
–Ves a lo que me refiero. Esto debería convertirse en un apunte que dijese simplemente: "Era oveja descarriada, hasta que descarrilé". O cualquier otra de las infinitas posibilidades que tendría una frase como esa.
–Es buenísimo lo de oveja descarrilada, no me digas.
–Ya lo creo.
Hemos estado un buen rato riendo de este descarrilamiento.
                                                               *****                                                          
Dice Ferlosio, glosando a Piaget, que a los niños de poca edad si se les pregunta: "¿con qué se piensa?", contestan casi siempre: “con la boca”. Y añade, tras analizarlo, un curioso detalle, que el sonido “mmm” es el único posible para representar o expresar con justeza la acción de pensar. Yo iba a agregar que de mayores también pensamos con la boca, como se ve por estos lapsus. Pero es mejor decir que en los lapsus es la boca la que piensa por nosotros, que no es exactamente lo mismo aunque lo parezca.

viernes, 29 de agosto de 2014

Cosas que no sé y por eso las pregunto.

¿Se es más padre si se sale de paseo empujando un carrito de bebé y vistiendo la equipación completa del Ajax, o es que así son más intensas las vacaciones?