–Te va a hacer daño tanta patata.
Miro y veo no un hortelano tronchado por el trabajo con la
azada, estamos en tiempo de recolectar la patata, sino a una madre pizpireta y
a un niño gordito.
–Ya es la cuarta bolsa que te comes.
lunes, 8 de septiembre de 2014
domingo, 7 de septiembre de 2014
Descarriado y descarrilado.
Leo unas cuantas notas sueltas de estos cuadernos a R.. Le
parecen bien.
–Las pondría en el blog. Pero la pantalla me pone tonto y
empiezo a ir con pies de plomo hasta que me paro. Aunque esto, según está,
valdría.
–Ya lo creo que valdría.
–Bastaría con no hacer mucha selección. Poner y poner notas,
como si se tratase de un gran borrador. Contarlo todo sin discriminar. Todo lo
que se pueda, claro. Lo que nos entre por los ojos. Con sentido o sin él. Sin
buscarle sentido. Observaciones primarias, secas. Muchas veces estoy tentado
de hacer esto con estas notas. Dejar que se desborden y me desborden. No sé por
qué no lo hago.
R., con una antena sigue mi discurso, y con la otra al
tábano terrizo, moscón, avispón, o lo que sea, que la pica, y al que es
alérgica. Sin quitarle ojo al moscón, finalmente dice:
–No lo haces porque eres una oveja descarrilada.
–¿Descarrilada?
Se ríe.
–Ahora mismo lo anotó.
–¡Ay que lapsus, Dios mío!
–Ves a lo que me refiero. Esto debería convertirse en un
apunte que dijese simplemente: "Era oveja descarriada, hasta que
descarrilé". O cualquier otra de las infinitas posibilidades que tendría
una frase como esa.
–Es buenísimo lo de oveja descarrilada, no me digas.
–Ya lo creo.
Hemos estado un buen rato riendo de este descarrilamiento.
*****
Dice Ferlosio, glosando a Piaget, que a los niños de poca
edad si se les pregunta: "¿con qué se piensa?", contestan casi
siempre: “con la boca”. Y añade, tras analizarlo, un curioso detalle, que el
sonido “mmm” es el único posible para representar o expresar con justeza la
acción de pensar. Yo iba a agregar que de mayores también pensamos con la boca,
como se ve por estos lapsus. Pero es mejor decir que en los lapsus es la boca
la que piensa por nosotros, que no es exactamente lo mismo aunque lo parezca.
viernes, 29 de agosto de 2014
Cosas que no sé y por eso las pregunto.
¿Se es más padre si se sale de paseo empujando un carrito de bebé y vistiendo la equipación completa del Ajax, o es que así son más intensas las vacaciones?
viernes, 18 de julio de 2014
"La rentrée".
“Ni yo tengo ninguna
razón para escribir(te), ni tu para leer(me)”.
He encontrado esta frase entre mis papeles y ahora no sé de
dónde la he sacado. Por las trazas debe de proceder de alguna carta de amor
encontrada en alguna biografía de las recientemente leídas. Y, por lo que
trasluce la frase, da la impresión de que a esos enamorados no les iban muy
bien las cosas. Se puede entender incluso que han llegado a un callejón sin
salida, a un punto de no retorno.
Sin embargo yo no la tengo anotada por ningún interés
sentimental, sino porque la frase define perfectamente el punto de partida, el convencimiento
al que he de llegar para poder aventurarme a escribir alguna cosa. Saber que en
la estación a la que arribo no hay nadie esperando, y que mi viaje carece por
completo de objetivo.
martes, 10 de diciembre de 2013
domingo, 24 de noviembre de 2013
Paradojas.
Mi vecino cazador, que salió de su casa a las siete de la
mañana y regresa a las cinco de la tarde diciendo:
– Nada de nada de nada, pero nada. Nada. No he visto nada.
Cero.
Mostrando satisfecho su zurrón repleto de ese vacío.
Mi cuñada C., sentada a la mesa tras una cena normal, acaso
afectada por aquellos cuerpos extraños que habían llegado al interior de su estomago
acostumbrado al ayuno nocturno, moviendo la cabeza con vehemencia
para los lados como la niña del exorcista y diciendo en un obstinato cada vez más impetuoso:
–Miento, yo miento mucho, miento siempre, miento, miento,
miento, miento todo el rato.
Intentando que creyésemos que estaba diciendo la verdad.
(Nota al margen. He tenido que pensar despacio en la frase "miento siempre" para darme cuenta de que presenta uno de esos infernales contrasentidos de los que es imposible escapar. Si alguien "miente siempre", miente también cuando está diciendo que "miente siempre" y por tanto sería verdad que "miente siempre", pero si es verdad que "miente siempre" nos esta mintiendo cuando dice que "miente siempre", y por tanto sería verdad.....etc. y así hasta el fin de los tiempos. Por tanto es imposible "mentir siempre" y es imposible, claro está y por muy buena fe que se ponga, creer a nadie que quiera hacernos comulgar con esa paradoja. Advierto ahora, de pasada, la gran facilidad que tiene esta rama femenina de la familia F., las hermanas C. y R., para producir paradojas, si jugasen al ajedrez serían especialistas en ahogarse el rey, siempre que no les estuviese permitido darse jaque mate con sus propias piezas.)
(Nota al margen. He tenido que pensar despacio en la frase "miento siempre" para darme cuenta de que presenta uno de esos infernales contrasentidos de los que es imposible escapar. Si alguien "miente siempre", miente también cuando está diciendo que "miente siempre" y por tanto sería verdad que "miente siempre", pero si es verdad que "miente siempre" nos esta mintiendo cuando dice que "miente siempre", y por tanto sería verdad.....etc. y así hasta el fin de los tiempos. Por tanto es imposible "mentir siempre" y es imposible, claro está y por muy buena fe que se ponga, creer a nadie que quiera hacernos comulgar con esa paradoja. Advierto ahora, de pasada, la gran facilidad que tiene esta rama femenina de la familia F., las hermanas C. y R., para producir paradojas, si jugasen al ajedrez serían especialistas en ahogarse el rey, siempre que no les estuviese permitido darse jaque mate con sus propias piezas.)
viernes, 22 de noviembre de 2013
Octeto.
Preguntan en Pasapalabra:
–Comienza por O. ¿Conjunto musical compuesto por ocho
voces?
El trío que mira, repantigado en el sofá y junto al fuego,
este concurso tan “guionizado” y previsible, pero pacífico, contesta a coro:
–Octeto.
Pausa valorativa. Puntualización:
–Quizá estemos incurriendo en lenguaje sexista. En realidad
octeto debería servir para designar sólo a una formación compuesta por voces masculinas.
Risas. La única mujer del grupo se cuestiona si sería
oportuno aplicar la corrección lingüística a este caso:
– Llamarlo octeta no creo que este muy de acuerdo con los
mandamientos feministas.
Nueva puntualización:
–Y tendrían razón,
habría una clara minusvaloración de género, para formar una octeta sería
suficiente con cuatro mujeres.
Más risas.
–Lo estás arreglando.
Nuevas puntualizaciones.
–Aunque octeta se presta a confusión. Podríamos entender que
estamos refiriéndonos a un ser definido por ese número de glándulas mamarias.
–Eso debería llamarse octoteta.
La conversación se anima.
–¡Qué difícil!
–Tendría que tratarse de glándulas con poco desarrollo y
poca base, más o menos como el cucurucho de un helado.
–¡Estaríamos bonitas! Íbamos a parecer estrellas de mar.
–Sí, sería un caso similar al de esas cajas de galletas que
tienen escrito en la tapa “gran surtido”.
Carcajeo aparatoso.
Esta humorada de la octeta, me hace recordar que en
este pueblo, hace años se puso de moda en los ambientes futbolísticos calificar
a los jugadores poco aguerridos o huidizos, “que no metían la pierna”, con un
superlativo del vocablo “madre”, muy
común en tantos giros del habla cotidiana para expresar blandura. “Soy una
madre”. “Eres una madre”. “Pareces una madre”. Etc.. A estos jugadores se les
decía que eran “unas madres con siete tetas”. Y no en privado, sino desde la
grada y gritado a pleno pulmón por aficionados de potente vozarrón. El grito “sois
unas madres con siete tetas” también se ha oído en nuestro graderío cuando el
equipo naufragaba, pero lo más común era no dejar que esta fórmula perdiese
fuerza, se diluyese en generalizaciones como esa. Solía aplicarse a un jugador
concreto, para lo cual, primero se nombraba al futbolista, bien por su nombre: “¡¡Fulano!!”,
bien por su dorsal: “¡¡Siete!!”, se dejaban pasar unos segundos para que el berrido
lograse su total expansión y alcanzase el suspense necesario (en ese silencio
todo el mundo oía un “¿qué?” no pronunciado por el jugador) y luego se le
dejaba caer encima aquel hermoso sambenito, “¡¡Eres una madre con siete tetas!!”.
Felicísima frase que denota los grandes logros expresivos a que puede llegar una lengua cuando los hablantes la recrecen y
retuercen tratando de ampliar su significación
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